ACERCAMIENTO INTEGRADOR A LOS ABUSOS SEXUALES Pag

Este artículo ha sido publicado por la revista Información Psicológica del Colegio Oficial de Psicólogos Nº 69 Año 1999


María Pérez Conchillo y Eva Carbajo Ávarez

Instituto de Sexología y Psicoterapia Espill. Servicio de Atención Psicológica a Menores Víctimas de Abusos Sexuales de la Consellería de Bienestar Social. C/ Serpis, 8-2ª 46021 Valencia. España.

Telf. 963898962 Fax 963898441 * Email: instituto@espill.org


Juan José Borrás Valls

Departamento. Psicología Básica, Clínica y Psicobiología. Universidad Jaume I. Castellón.

INDICE
 

RESUMEN

 

El presente trabajo contempla los abusos sexuales a menores desde una perspectiva integradora: factores sociales, psicológicos, educativos y jurídicos deben ser tenidos en cuenta para abordar esta problemática. La consideración del abusador como sujeto de intervención psicológica y educativa es uno de los retos que tenemos que asumir.

Palabras Clave

Abusos sexuales, intervención en abusos sexuales, prevención, indicadores de veracidad, derechos del abusador.


CÓMO SE RECUERDAN LOS ABUSOS: EL CASO DE CARMEN

A los 3 ó 4 años, no lo recuerdo muy bien, fue cuando él empezó a tocarme. No tenía la pierna derecha por lo que siempre estaba sentado, me llamó y me dijo que si me sentaba en su pierna me contaría unos cuentos preciosos que había leído en un libro que tenía escondido. Yo que era muy tímida y que no hablaba mucho me acerqué y me senté en su rodilla. Mi abuelo siempre esperó a que mi abuela tuviera que irse al patio o a comprar. El me toco por debajo de las braguitas, yo no supe apartarle la mano de allí y él se aprovechó de mi timidez. A mi prima que tenía la misma edad, también le hacia cosas, pero ella tenía mucho carácter y todo lo decía, y con ella el "juego" le duró poco. Pero yo, que era más cobarde, tímida o imbécil, no lo sé, nunca dije nada. El siempre me decía que yo era muy especial y que lo hacía porque me quería mucho.

Cuando le cortaron la otra pierna, me hacía ponerle la mano por debajo de los pantalones y masturbarlo. Recuerdo que mi abuela siempre se creía que se orinaba encima. Otras veces, me hacía poner la cara entre sus piernas cortadas y él se movía y siempre coincidía mi boca en su pene. A mi me daba mucha vergüenza y él me decía que si se lo decía a alguien o mi abuela se enteraba, se enfadaría mucho conmigo y me pegaría.

Todo esto duró muchos años, también me besaba en la boca. Como yo no sabía nada de sexo, cuando me bajó mi primera regla, pensaba que estaba embarazada. Mi madre se fue de viaje a Lugo y fue cuando peor lo pasé porque me quedé a vivir con ellos y fue horrible.

Cuando yo ya no me acerqué mas a él, porque ya comprendí que aquello no estaba bien, tendría 12 años, empezó con mi prima Silvia que aún no tenía 3 años pero lo pillaron enseguida, le dijeron de todo y mi pobre abuela me preguntaba si conmigo también lo hacía.

Esta es la historia de una mujer que viene a consulta por problemas sexuales y síntomas depresivos, vive en un pueblo de la huerta y forma parte de una familia "normal". Si embargo como en muchos otros casos ella ha sido víctima de abusos sexuales por su abuelo materno. Nunca ha contado su historia a nadie y desde bien pequeña ha tenido que sufrir en silencio. Las amenazas del abuelo si contaba algo; el miedo a lo mal que lo pasarían su madre y su abuela si se enteraban de lo ocurrido; la preocupación por como reaccionaria su padre y su propia timidez y falta de asertividad convirtieron algunos momentos de su infancia en una pesadilla de la que todavía tiene secuelas.

Este relato sacado de la vida real ha sido escogido porque en el podemos observar muchas de las condiciones que se tienen que dar para que los abusos ocurran:

Que una persona tenga interés sexual por los menores. (En este caso el abuelo lo tenía)

Que puede considerar aceptable su conducta o no pueda reprimirla (No reprimía su conducta).

Que el niño no sea capaz de resistirse al abuso (niña tímida, miedosa)

Que no haya protección externa (siempre cuando la abuela no estaba en casa)

Como podemos ver no es tan difícil que se puedan dar todas las condiciones, especialmente cuando los abusadores son familiares o conocidos. Sin ánimo de dramatizar la situación, de lo que debe quedar constancia es que el abuso sexual es un fenómeno que ocurre y como profesionales tenemos que estar preparados para afrontarlo.


¿QUÉ ENTENDEMOS POR ABUSO SEXUAL?

Todas las agresiones y actos sexuales realizados con menores de edad y que ellos no comprenden o no tienen capacidad suficiente para consentir, constituyen lo que se denominan abusos sexuales. Estas prácticas se realizan desde una posición de poder o autoridad sobre el niño, mediante halagos, engaños, amenazas o chantaje. Los contactos mantenidos pueden oscilar desde tocamientos a violación, y las personas que los realizan pueden ser desconocidos o familiares.

Los abusos sexuales a menores han permanecido durante años en el más oscuro anonimato, se practican desde muy antiguo, en "La Etiopatología de la Histeria" (Freud, S.,1896) Freud "descubre" experiencias sexuales tempranas de sus pacientes y la relaciona con la histeria: "En todo caso de histeria se ocultan uno o varios sucesos de precoz experiencia sexual, perteneciente a la más temprana infancia. Tengo este resultado como una caput Nili de la Neuropatología. La importancia etiológica de los sucesos sexuales infantiles no aparece limitada al terreno de la histeria, extendiéndose también a la singular neurosis obsesiva e incluso, quizá, a la paranoia crónica y a otras psicosis funcionales"....Cuando se trata de relaciones sexuales entre dos niños el que desempeña el papel agresivo había sido seducido antes por una persona adulta e intentaba repetir con su pareja infantil, bajo la presión de su libido prematuramente despertada y a consecuencia de la obsesión mnémica, aquellas mismas práctica que le habían sido enseñadas."

Cuando Freud lo presentó en una reunión de la Sociedad de Psiquiatría y Neurología en Viena sus colegas no estaban dispuestos a enturbiar el rosado mundo de la infancia victoriana. Krafft-Ebing, presidente de la reunión y psiquiatra de gran prestigio tachó su trabajo de cuento de hadas científico y algunos meses más tarde ante la incredulidad de sus contemporáneos Freud se retracta "... me vi obligado a reconocer que aquellas escenas de seducción nunca tuvieron lugar, y que eran solamente fantasías que habían elaborado mis pacientes o que yo mismo, quizá, impulsé en sus mentes".

Aunque no podemos achacar todos los problemas psicológicos de los pacientes de Freud a las vivencias sexuales traumáticas en la infancia. Sin embargo, cuando nos adentramos en la lectura de los casos que describe para justificar su propuesta, los que trabajamos en este campo encontramos una gran similitud con lo que nos cuentan nuestros pacientes víctimas de abusos sexuales. Así, no nos cabe duda que muchos de sus pacientes también los sufrieron. Desgraciadamente la perspicacia freudiana se topo de pleno con los convencionalismos sociales que no estaban dispuestos a aceptar que estos hechos fueran posibles.

Tenemos que esperar al inicio de los años 70 cuando empiezan a reconocerse los abusos sexuales a menores como un problema social que requiere atención. A partir de ese momento comienzan a surgir programas de prevención, tratamiento y encuestas sobre estos temas en países como Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Alemania y Suiza.

La creciente conciencia social sobre este tema ha registrado un aumento significativo de los trabajos de investigación. Sin embargo, la incidencia de casos que no son revelados se estima que es mucho mayor que la de los que salen a la luz. El niño, muchas veces, tiene miedo de contar lo ocurrido, sobre todo si el abusador es una persona cercana a él. Además los procedimientos legales para validar el episodio son difíciles y complejos y eso hace que los adultos desestimen con mucha frecuencia hacer algún tipo de denuncia con lo cual, se sigue escondiendo una realidad que tiene a los menores como tristes y calladas víctimas.


¿QUÉ PODEMOS HACER LOS PROFESIONALES?

En primer lugar, aceptar esta realidad y prestar nuestra ayuda a los niños y familias que sufren por esta causa. Y nuestra responsabilidad no se debe limitar a la intervención con el menor y/o la familia, sino que como profesionales debemos intervenir también con el abusador, con las personas que manifiestan estas conductas. Si los abusos sexuales existen, es por que hay menores víctimas y personas que cometen estos abusos. El acercamiento integrador que nos permita abordar el problema en su globalidad es la única manera eficaz de intervenir.

Desgraciadamente todavía no tenemos todas las respuestas, el tratamiento de los abusadores, especialmente en nuestro país, es uno de los grandes retos de la psicología clínica. Sin embargo existen programas en otros países, como el de la Universidad de Minnesota, que tienen una larga experiencia en este campo que nos pueden servir de referencia. Otra cuestión fundamental es la jurídica, en el programa de Minnesosta que antes citábamos, los abusadores recibían tratamiento por orden judicial, aunque este tema es muy controvertido, y si bien es cierto que algunos abusadores por sus características de personalidad no van a ser susceptibles de tratamiento, muchos otros si se benefician del mismo. En España, todavía tenemos mucho que hacer en este campo y es necesario un esfuerzo interdisciplinar para dar una respuesta responsable e integradora. Como profesionales no podemos olvidar que el abusador también tiene derecho al tratamiento. En un documento de la IATSO (International Association for the Treatment of Sexual Offenders) (Tabla 1), se aboga por la defensa, en todo el mundo, de un tratamiento de los delincuentes sexuales humano, digno, comprensivo, ético y efectivo.

Otra cuestión que nos llama la atención es el escaso conocimiento, poblado muchas veces de mitos y falsas creencias, que sobre los abusos sexuales tienen la mayoría de profesionales que trabajan con niños; cuando estimamos que, para abordar este tema, es fundamental tener un acercamiento equilibrado, con una sólida base en sexología, además de estar entrenado en clínica infantil. El hecho de que los abusos sexuales causen alarma social, hace que se subestime y/o sobrestime su importancia. Así nos podemos encontrar con profesionales que son incapaces de detectar un caso de abusos aunque aparezcan las señales más alarmantes, mientras que para otros se multiplican las sospechas. Ciertamente es más frecuente el primer caso y es que para muchos profesionales, los abusos sexuales todavía no son considerados como uno de los problemas que pueden sufrir los menores (Pareciera que todavía estamos en tiempos de Freud), durante demasiados años el silencio social que se ha impuesto ha ido calando y ha facilitado que estos permanecieran ocultos.

Por otro lado todavía nos seguimos encontrando con profesionales para los que cualquier referencia a lo sexual es sospechosa. Nos hemos encontrado con la triste experiencia de niños que han sido derivados a nuestro servicio por el mero hecho de acostarse desnudos con su padre, o por bañarse juntos. Así pues, es muy importante tener un criterio profesional equilibrado, que trascienda nuestros valores y nuestras costumbres, para poder evaluar adecuadamente todas las posibles hipótesis.

Los indicadores de veracidad (Tabla 2) nos pueden servir de gran ayuda para iniciar el análisis de los hechos, siempre que los utilicemos como una referencia, que tiene que ser bien contrastada con la realidad del niño. Muchos de los niños que nosotros hemos tenido ocasión de tratar han presentado algunos de esos síntomas y sin embargo no han sido víctimas de abusos; mientras que niños que han sido sometidos a tocamientos (manipular sus genitales sin penetración), si estos no van acompañados de agresiones no muestran grandes alteraciones de conducta. Es indudable la utilidad de la relación de indicadores que aparecen en la tabla 2, pero insistimos en la cautela de su uso, especialmente si trabajamos con colectivos marginados. Por ejemplo, en niños con una grave problemática familiar podemos encontrar algunos de estos síntomas. También estos síntomas aparecen en niños víctimas del maltrato.

El maltrato es otro de los grandes males la infancia y los profesionales debemos implicarnos en su detección. Desgraciadamente todavía nos encontramos personas sensibilizadas ante los abusos sexuales que no tienen conciencia de esta problemática. En un reciente curso con alumnos de psicología que se mostraban sensibles ante los abusos sexuales, mostraron su sorpresa cuando se les habló del maltrato físico y psicológico en los niños, llegando a comentar que el tema de los abusos era a su parecer mucho más grave, cuando nosotros hemos comprobado en nuestro servicio que la violencia domestica, las palizas y maltrato psicológico continuo es la peor pesadilla que puede vivir un niño. En nuestro programa de evaluación diagnostica de abusos sexuales contemplamos la detección del maltrato, puesto que entendemos que es responsabilidad de todos los profesionales que trabajamos con niños velar por su seguridad y bienestar, más allá de nuestros particulares objetivos profesionales.

Así pues, ante cualquiera de los síntomas presentados en la tabla 2 es necesario explorar al niño y comprobar a que responden los síntomas que presenta. En el caso de que encontremos indicios de que el niño ha sufrido abusos sexuales tenemos que ser muy cautos en nuestras manifestaciones, y si nos encontramos inseguros porque no tenemos experiencia en el tema, podemos solicitar la colaboración de otros profesionales especializados que puedan hacer una evaluación diagnóstica ya que es muy importante intervenir con precaución para que el niño no sufra de victimación secundaria, especialmente en los casos en los que existe un conflicto familiar más o menos soterrado.

La evaluación diagnóstica de los abusos es una intervención psicológica de gran responsabilidad. Si nuestro criterio es equivocado podemos agravar el conflicto. No son del todo infrecuentes las falsas denuncias, especialmente en los casos en que media un conflicto de separación matrimonial. Desgraciadamente algunos adultos no tienen reparos en utilizar a los hijos como herramientas para sus venganzas personales. Y que su compañero se vea envuelto en un proceso judicial acusado de abusos sexuales, termine o no en la cárcel, puede ser una cruel venganza. Por esta razón, una de las consideraciones que se tiene que hacer siempre que evaluamos un caso es el beneficio que pudiera reportar la denuncia. Sin embargo la conciencia de la responsabilidad de nuestra actuación no nos debe paralizar sino incrementar, si cabe, nuestro celo para que nuestros informes sean lo mas equilibrados posibles. No es bueno vernos como "salvadores" de la infancia y tener sentimientos de venganza hacia los abusadores.

Somos profesionales que debemos abordar el tema en su complejidad contemplando ecuánimemente todos los factores implicados.

El papel de los padres (en los casos en que existen vínculos saludables) es fundamental en la recuperación del menor por lo que es muy importante la orientación que les vamos a dar. En ocasiones es necesaria la atención psicológica de los progenitores, ya que pueden sentirse culpables de no haber protegido suficientemente a su hijo, o les resulta inexplicable que estos hechos puedan suceder, invistiéndolos de una gran carga de dramatismo que dificulta al niño o la niña superar los hechos. Tenemos que orientar a los padres sin alarmar y ayudándoles a entender lo ocurrido y a no sentirse responsables de lo ocurrido.

La mejor manera de evitar los abusos sexuales es a través de una buena comunicación con los hijos y con una adecuada educación sexual. Bien es verdad que cualquier niño puede sufrir abusos sexuales, pero también es cierto, que si existe una buena comunicación con sus padres, el niño podrá contarlo antes. Si además, el niño ha tenido una educación sexual, en la que se contempla y se promueve el respeto a los demás, las habilidades para defenderse de un agresor se van a multiplicar. Contemplar la sexualidad como una comunicación privilegiada con los demás, como una forma de expresar amor, lejos de planteamientos machistas de dominación es sin duda un buen antídoto para evitar la violencia sexual. No debemos olvidar que estas medidas también contribuyen a la prevención de los abusadores. En palabras del Profesor Eli Coleman, fundador de la IATSO (International Association for the Treatment of Sexual Offenders) la ausencia de vínculos familiares positivos aparece en muchos abusadores. Si contribuimos a favorecer ese vínculo y promovemos una educación sexual no sexista que favorezca la empatía, en alguna medida estamos evitando futuros abusos. No es casual que Suecia que desde los años 30 viene desarrollando programas de educación sexual esta en el lugar más bajo de la tabla 3.


Continuación