| ACERCAMIENTO
INTEGRADOR A LOS ABUSOS SEXUALES |
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NUESTRA
EXPERIENCIA EN EL INSTITUTO ESPILL
Nuestra experiencia como entidad privada
y como Servicio de Atención Psicológica
a Menores Víctimas de Abusos Sexuales concertado
con la Consellería de Bienestar Social de la
Generalitat Valenciana en este tema, ha hecho que
desarrollemos y llevemos a la práctica un proyecto
de diagnóstico y tratamiento donde se pueda
llevar a cabo la intervención con el menor,
de forma que para el niño/a existan las menores
consecuencias tanto a corto como a largo plazo, evitando
así la victimización secundaria.
Diagnóstico y Valoración
sobre la posible ausencia o presencia de abusos sexuales
en los menores derivados a nuestro servicio.
El primer reto al que nos enfrentamos
como profesional es el de realizar un diagnóstico
y establecer unas conclusiones sobre si realmente
el niño/a ha sufrido algún tipo de abuso
sexual. Para ello, solemos desarrollar nuestro trabajo
a lo largo de cinco sesiones aproximadamente (aunque
es necesario personalizar en cada uno de los casos).
Es importante para nosotros delimitar
la vía a través de la cual el menor
llega a nuestro servicio ya que en muchas ocasiones
nos encontramos con problemas de custodia o enfrentamientos
entre adultos donde lo que se pretende es manipular
al menor. Por ello, no siempre nos llegan los casos
en los que el niño/a ya ha revelado el abuso,
o casos de denuncia sino que en ocasiones la madre
pide una valoración para su tranquilidad ante
distintas conductas del menor o sospechas sobre un
adulto.
Nuestro punto de partida es el planteamiento
de diversas hipótesis de trabajo, modificables
en función del caso, pero que necesariamente
deberían abordar:
1. La posibilidad de que no existan
abusos sexuales
2. Que existan abusos sexuales (siendo
necesario indicar por parte de quien han podido ocurrir)
3. Que alguien esté manipulando
al menor para que nos proporcione información
tendenciosa con el objeto de sacar algún beneficio
4. Que el menor mienta o presente
alguna patología que favoreciera la invención.
Tenemos que contemplar con extrema
prudencia los casos en los que alguien pueda tener
un beneficio secundario de la confesión del
menor, por ejemplo, cuando hay un conflicto de pareja,
en casos de separaciones conflictivas. Esto no quiere
decir que en todas estas situaciones los abusos sean
falsos. Pero, según nuestra experiencia, es
donde se producen el mayor número de sospechas
de abusos que luego no tiene fundamento.
Sesiones de Evaluación y Diagnóstico
Nuestro trabajo de diagnóstico
y valoración se desarrolla en el mínimo
de sesiones necesarias para nuestros objetivos de
diagnóstico y valoración de los hechos,
ofreciendo al menor y a la familia todo el apoyo psicológico
necesario. En todas ellas se realiza la grabación
en vídeo de la entrevista con el menor. Para
ello, es necesario pedir la autorización a
los responsables del menor con el objeto de que esos
vídeos no trasciendan salvo en caso de ser
exigidos por un Juzgado.
Inicialmente se explica a los padres
o responsables del menor, en que consiste nuestro
método de trabajo y el objeto con que se realiza
cada cosa, se les tranquiliza y se les ofrece la información
oportuna sobre nuestra experiencia en casos de menores
que sufren abusos sexuales.
El objetivo durante la primera entrevista
es simplemente establecer una relación con
el menor de forma que se sienta cómodo. En
nuestro Instituto estamos desarrollando un protocolo
de entrevista en función de:
La edad del menor
Si el niño/a conoce los motivos
por los que está en Nuestro Servicio
Durante esta entrevista intervienen
dos terapeutas; Uno de ellos recibe a la/s personas
que acompañan al menor con el objeto de recoger
información relativa al desarrollo evolutivo
y personal del niño, a la historia del abuso,
como se han enterado de lo ocurrido y cómo
han llegado hasta nosotros. Es muy importante en esta
entrevista cerciorarse de que las personas que conviven
con el menor están capacitadas para protegerlo
y valorar si se encuentra en una situación
de riesgo.
El otro terapeuta mantiene al mismo
tiempo una charla distendida con el menor, en un ambiente
cómodo y confortable encaminado a ganarnos
su confianza.
Cuando nuestra entrevista se lleva
a cabo con un adolescente se le informa del motivo
de nuestra charla: estamos para ayudarle y resolver
sus dudas porque tenemos conocimiento de lo que le
ha pasado. Habitualmente no se hace una referencia
inicial al hecho del abuso ni a nada que tenga relación
con el tema, simplemente se valoran aspectos puntuales
como las relaciones en el colegio, en la familia,
hobbies, ocio,...Esto facilita la relación
con el/la joven. Se trata de conseguir que durante
la entrevista podamos obtener información de
aspectos íntimos del menor sin que este se
sienta incómodo para lo cual debemos partir
de una esfera social (hobbies, deportes, colegio)
posteriormente abordar aspectos personales (relación
con los amigos, relación con los padres, aspectos
que le preocupan,...) y finalmente centrar la entrevista
en temas íntimos en el que el joven/niño
nos comente lo sucedido.
La despedida es un momento relevante
sobre todo si ha existido revelación del abuso,
es importante que antes de despedirnos de nuevo abordemos
temas personales y sociales con los que el menor se
pueda sentir cómodo.
En las sesiones siguientes el objetivo
principal es conseguir la revelación del abuso
de forma no dirigida y consiguiendo la mayor parte
de información y detalles relevantes sobre
el caso. Es importante minimizar el impacto de la
revelación y hay que preparar al menor, si
el caso lo requiere, para una posible intervención
judicial.
En el caso de que el menor nos hubiera
contado lo ocurrido, el objetivo de la sesión
o sesiones siguientes sería confrontar algunos
detalles que nos pudieran servir como indicadores
de la fiabilidad de su testimonio. El motivo sería
buscar la veracidad del testimonio, la congruencia
entre la conducta verbal y no verbal, los efectos
manifiestos sobre la relación con el agresor
y la correlación con otros detalles de la vida
general del niño/joven. Además se dedica
un espacio de tiempo para informar y orientar a la
familia o a aquellas personas que conviven con el
menor, principalmente en lo referente a que actitud
tomar ante algunas conductas o comentarios del menor
y cual es la postura más adecuada en este momento.
En las siguientes sesiones se pretende
confrontar la veracidad de los hechos y el realismo
del testimonio del menor, dedicando la mayor parte
del tiempo a jugar con el niño y ayudarle a
desarrollar estrategias de afrontamiento. También
son muy importantes, en esta etapa, las actuaciones
encaminadas a normalizar la vida del menor, como la
organización escolar, la relación con
los compañeros, sus preocupaciones y miedos.
Y obviamente evaluar las necesidades básicas
del menor: comida, sueño y estado emocional.
Finalmente en la última sesión
nuestro objetivo es ofrecer apoyo psicológico
al menor. En este caso se trabaja con el fin de restablecer
las posibles consecuencias a corto y largo plazo que
han podido suponer el abuso. A su vez se pretende
mejorar el rendimiento escolar, capacidad de atención
y concentración y trabajar en la mejora de
su autoestima y el control de ansiedad: estas intervenciones
se realizan acordes a las necesidades de cada caso.
Cuando sea estrictamente necesario, sin caer en el
error de "terapeutizar" al menor se lleva
a cabo un tratamiento psicológico a más
largo plazo.
Desde nuestra experiencia estimamos
que el numero de niños que requieren un tratamiento
psicológico prolongado tras haber sufrido abusos
sexuales es bastante bajo. En muchas ocasiones es
más importante orientar a los padres o cuidadores,
que se pueden sentir impotentes, culpables, tristes
y enfadados ante lo ocurrido. Estas actitudes negativas
pueden llevarles a una visión catastrófica
y alarmista sobre las consecuencias del abuso en el
menor.
En la mayor parte de las intervenciones
en que es necesario un tratamiento posterior o un
seguimiento, se intentan derivar los casos a aquellos
profesionales que pueden mantener un contacto más
directo y durante más tiempo con el menor (por
ejemplo cuando los menores estaban en tratamiento
antes de acudir a nuestro Instituto se vuelven a remitir
a dicho profesional, o bien al psicólogo del
Centro escolar, o a psicólogos de los Servicios
Municipales o Centros Base).
Cuando los menores manifiestan serias
consecuencias a corto plazo se lleva a cabo el tratamiento
por parte del mismo equipo de valoración. Cuando
se ha llevado a cabo un abuso intrafamiliar, donde
el tipo de abuso no excede de tocamientos y el menor
desea mantener el vínculo con el agresor, se
lleva a cabo un seguimiento del menor por parte de
nuestro equipo y el tratamiento del adulto agresor
por parte de otro equipo especializado.
Intervención con la familia.
Nos parece relevante la intervención
con la familia desde la primera sesión tanto
si el abuso es intrafamiliar como si se lleva a cabo
fuera del entorno familiar, aspecto este que es necesario
tener en cuenta ya que el tipo de intervención
es diferente en ambos casos. El primer objetivo debería
ser siempre proteger al menor del presunto agresor
pero intentando que el niño/a sufran los menores
cambios posibles en su entorno inmediato.
Es fundamental cuando el agresor permanece
en el domicilio evitar que el abuso se vuelva a repetir.
Cuando esto ocurre existe un coste elevado para el
menor ya que una vez que ha pedido ayuda para ser
protegido no lo hemos podido hacer, con lo cual resultara
muy difícil que de nuevo vuelva a comentar
lo que le esta sucediendo. Además la presión
del agresor hacia el niño para que mantenga
el secreto se incrementa. Por ello, desde nuestra
experiencia consideramos oportuno que se mantenga
al menor protegido de la presencia del presunto agresor.
Si el agresor es un primo/a o un hermano/a los padres,
en general pueden proteger al menor con éxito.
Sin embargo cuando el agresor es el
padre (ponemos este ejemplo ya que es más habitual
que el agresor sea el padre que la madre), las cosas
se complican, puesto que si no ha habido maltrato
físico, ni violencia, y sólo han sido
tocamientos, los menores, en la mayoría de
los casos no desean romper el vínculo con el
abusador.
Y puede ocurrir que:
La madre no sea consentidora y la
relación de pareja se desequilibre o rompa,
con lo cual el padre suele abandonar el domicilio.
La madre consienta explícita
o implícitamente la situación, el consentimiento
implícito es lo más habitual. Ante esta
actitud de la madre que favorece el desamparo del
menor se hace imprescindible tomar medidas cautelares
para protegerlo.
En los casos arriba mencionados en
los que no ha habido maltrato físico, ni violencia,
sólo han sido tocamientos y los menores no
desean romper el vínculo con el abusador. Es
fundamental valorar si la madre o el padre no agresor
es capaz de controlar que en ningún caso el
menor y el agresor estén a solas. Si esto no
fuera posible es necesario que el agresor salga del
domicilio hasta que reciba la ayuda oportuna y se
tenga la seguridad de que los hechos no volverán
a ocurrir.
Es evidente, que en algunos de estos
casos la madre protege correctamente al menor y además
desea ayudar a su pareja para que estos hechos no
vuelvan a ocurrir y la familia se pueda normalizar.
Es importante transmitir a la familia
que es necesario aceptar lo ocurrido e integrarlo
para poder normalizar lo antes posible las relaciones
familiares.
INTERVENCIÓN
CON LOS ABUSADORES
Nuestro trabajo con los menores en
el tema de abusos sexuales no estaría completo,
si no dedicáramos apoyo y atención a
los presuntos agresores sexuales. Por ello, es necesario
ofertar la posibilidad de ayuda terapéutica
para el agresor en aras ha evitar que los hechos se
repitan y proteger a las posibles futuras víctimas
Como ya hemos comentado, nuestro servicio
deriva a tratamiento aquellos casos en los que los
abusos han consistido en tocamientos, no se ha utilizado
la agresividad y además el menor manifiesta
su interés en mantener el vínculo con
el agresor, de forma que los casos son derivados a
un servicio de sexología clínica en
atención primaria especializado en dicho tratamiento.
En los casos en que existe denuncia, afortunadamente,
los jueces son cada vez más proclives en atender
las recomendaciones de tratamiento para los agresores.
PROYECTO
PILOTO CON JÓVENES AGRESORES
En nuestro servicio se esta desarrollando
un proyecto piloto con jóvenes agresores. La
inclusión en el proceso terapeutico es voluntaria.
El procedimiento consiste en una terapia de grupo
donde se abordan las causas por las que han llegado
a abusar y/o a agredir, estrategias de afrontamiento,
control de impulsos, reestructuración cognitiva,
habilidades en resolución de problemas, habilidades
sociales. Esta terapia se Complementa con un programa
de educación sexual basado en el respeto a
los derechos sexuales, la sexualidad como vehículo
de comunicación privilegiada, el conocimientos
de la sexualidad masculina y femenina, etc.. Es requisito
imprescindible para entrar en el grupo que en la entrevista
individual hayan sido capaces de comentar lo sucedido
y aceptar su responsabilidad en lo ocurrido. En algunos
casos hemos encontrado útil integrar en el
proceso psicoterapeutico el uso fármacos para
mejorar el control de impulsos y favorecer la expresión
de emociones. Se contempla que los menores además
de la terapia de grupo puedan tener apoyo psicológico
individual.
Podemos concluir que todavía
tenemos mucho que aprender de la intervención
en los abusos sexuales a menores, pero el tratamiento
de los agresores es, sin duda el gran reto, y tarea
imprescindible si queremos proteger a los menores.
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