| ABUSOS SEXUALES:
DETECCIÓN Y CASOS DENUNCIADOS |
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INTRODUCCIÓN
El abuso sexual
y la explotación sexual infantil son un problema
en todos los países y abarcan todas las clases
sociales. Cualquier niña o niño, sin
distinción de edad, sexo o condición
socioeconómica puede ser víctima.
Según datos
del Ministerio de Asuntos Sociales se estima que en
España el 23% de las niñas y el 15%
de los niños han sufrido algún tipo
de abusos sexuales. En cuanto a las denuncias que
se plantean se infiere que sólo un 10% de los
casos son denunciados.
La figura del
adulto como referencia de protección y cuidado
se transforma, en estos casos, en figura amenazante.
Máxime cuando en la mayoría de los casos
el abuso es intra familiar. Los datos del Servicio
de atención psicológica al menor del
la Dirección General de la Familia, Menor y
Adopciones, de la Consellería de Bienestar
Social así lo corroboran. En los 83 casos atendidos
en el año 1999, en el 35% de los casos en los
que existían abusos, el abusador era el padre
biológico. Y sólo en el 13% de los casos,
los perpetradores eran desconocidos para el niño.
Este hecho aumenta la complejidad de la intervención
puesto que se tiene que defender al niño de
su propia familia, con las dificultades legales que
esto trae consigo. Además del efecto psicológico
supone para el menor la ambivalencia del vinculo familiar,
debido al afecto y rechazo que puede sentir cuando
el abusador es el padre, abuelo, hermano, etc.
LA
DETECCIÓN DEL ABUSO
Todos podemos
poner en conocimiento la sospecha de abusos sexuales,
agresiones sexuales o explotación sexual. Sólo
con que se tenga esa sospecha es importante actuar
y debemos recordar que las personas que abusan sexualmente
de menores no responden al estereotipo que podamos
tener de delincuente habitual, pudiendo estar perfectamente
integrados socialmente, y tener un reconocimiento
personal y social notable.
De igual manera
el parentesco tampoco evita estas prácticas,
ya hemos señalado que la gran mayoría
de abusos son intra familiares, así que no
debemos extrañarnos si el presunto perpetrador
es el padre o un familiar cercano. En cualquier circunstancia
y ante la menor duda lo mejor es ayudar al niño
y facilitar su exploración psicológica
por un equipo de expertos.
Se observa de
forma preocupante, especialmente cuanto median conflictos
familiares y procesos de separación, y/o en
lucha por la custodia del menor, el aumento de las
falsas denuncias. En algunos casos los menores son
utilizados y sometidos a exploraciones psicológicas
y médicas innecesarias ya que no existen bases
fundadas para pensar que estén sufriendo algún
tipo de abuso. Aunque estos casos se pueden detectar
con relativa facilidad a través de análisis
del testimonio del menor y la valoración familiar,
es necesario señalar el coste psicológico
que dicha experiencia supone para los menores implicados.
En primer lugar, debido a que la acusación
se hace sobre un miembro del entorno familiar, lo
que lleva a la ruptura de vínculos con la persona
denunciada y con el entorno. Además, en algunas
ocasiones espacialmente los menores de corta edad,
llegan a creerse víctimas de abuso sexual,
aunque no lo hayan sufrido. En estas mismas circunstancias
se llega al extremo de la utilización del menor
en procesos judiciales innecesarios, con denuncias
motivadas por intereses espurios, con las consiguientes
situaciones de estrés y alteraciones de la
vida cotidiana del menor.
Por otra parte
se da el caso de padres y profesionales que, bien
por experiencias personales de abusos sufridos, bien
por el impacto social del tema, están especialmente
sensibilizados, de forma que ante conductas sexuales
normales dentro del desarrollo evolutivo del menor
o ante otros indicadores, pueden alarmarse y someterlo
a exploración.
En estas situaciones,
no tiene porque haber consecuencias negativas, puesto
que una adecuada exploración psicológica
especializada en abusos sexuales no debe suponer ningún
costo para el/la menor. Las exploraciones médicas
estarían indicadas cuando se tiene constancia
de que el abuso ha sido muy reciente y/o genital/analmente
intrusivo. Considerando las directrices de la Academia
Estadounidense de Pediatría para la evaluación
de abuso sexual, donde señala, que en la mayoría
de los casos no se encuentran indicios físicos
anormales (el examen genital en niñas sexualmente
abusadas era claramente anormal solamente en el 14%
de casos).
Sin embargo, si
aparecen consecuencias muy negativas, en los casos
en los que los adultos que deben proteger al menor,
no quieren ver lo que esta ocurriendo, son incapaces
de detectar las señales más alarmantes,
no escuchan las quejas de la víctima y no aceptan
las evidencias más notables tras exámenes
psicológicos y/o médicos. En estos casos
las menores, puesto que la gran mayoría son
niñas o adolescentes, aparecen doblemente desamparadas,
ya que las personas que tienen que protegerla se convierten
en sus agresores: uno por acción, el padre
y otra por omisión, la madre. Aunque este binomio
se puede alterar en las muy raras ocasiones en que
la madre puede ser la abusadora.
Con esto no queremos
decir que las madres no pretejan a sus hijas, ni queremos
asignarle el papel de cómplices cuando, en
la gran mayoría de las ocasiones son víctimas
de la tragedia. Pero son tan desoladores estos casos
que no podemos dejar de señalarlos, aunque
haciendo constar que el único y verdadero responsable
de los hechos siempre es el abusador.
EL
PAPEL DE LOS PROFESIONALES EN LA DETECCIÓN
DEL ABUSO SEXUAL
Atendiendo a lo
anteriormente expuesto el papel de los profesionales
relacionados con los niños, como médicos,
personal sanitario, profesores, asistentes sociales,
psicólogos, educadores, personal de servicios
sociales es fundamental para detectar los abusos y
colaborar en la atención a estos niños.
Los profesionales que trabajan con niños y
adolescentes tienen la obligación profesional
y humana de velar por su bienestar. Sin embargo son
pocas las víctimas de abusos que le cuentan
su experiencia a profesionales próximos a ellos.
Podemos estimar
que una de las causas de la diferencia entre las tasas
reales de abusos sexuales y los casos detectados,
se debe a la falta de implicación de los profesionales
que trabajan con menores.
Las dificultades
que los distintos profesionales encuentran a la hora
de detectar los abusos y derivar correctamente los
casos en los que probablemente el menor esté
en situación de riesgo o ya haya sufrido abusos
sexuales están relacionadas con:
· La incredulidad
ante los hechos, especialmente si el "sospechoso"
es otro profesional o un miembro de la familia del
niño.
· Los profesionales
no se encuentran a menudo con este problema por lo
que no están entrenados para abordarlo.
· Desconocen
los indicadores que ayudan a detectarlos.
· El hecho
de que la detección del abuso pueda suponer
una denuncia judicial.
· El temor
a la denuncia y a sus consecuencias, muchas veces
por desconocimiento del procedimiento judicial.
· El temor
del profesional de que su preocupación sea
infundada y las consecuencias que pueda tener esa
falsa alarma.
Por todo ello,
consideramos de vital importancia ofrecer información
que facilite las buenas prácticas en proceso
de detección y derivación de abusos
sexuales para los profesionales que trabajan con menores.
No se espera de estos profesionales que hagan un diagnóstico
especializado y mucho menos juzguen los hechos. Su
labor es la de informar de la sospecha y apoyar al
niño en su labor cotidiana.
Dra. María
Pérez Conchillo
Directora del
Servicio de Atención Psicológica al
Menor
Instituto de Psicología
y Sexología Espill. Valencia
Instituto@espill.org
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